Martes 4 de octubre de 2005
Editorial
La migracion como masacre
En menos de una semana se han producido en enclaves territoriales españoles del norte de Africa irrupciones masivas y violentas de migrantes indocumentados africanos. El jueves en Ceuta, medio millar de subsaharianos escalaron las vallas que separan la ciudad del territorio marroquí, con un saldo de cinco muertos. Ayer en Melilla tuvo lugar un incidente similar, aunque menos cruento, en el que unas 700 personas superaron el alambrado de púas. Más de la mitad lograron internarse en territorio español, pero el resto fueron capturados por autoridades españolas y marroquíes. En esta capital, el canciller Luis Ernesto Derbez dijo en la inauguración de la segunda Conferencia Internacional sobre las Relaciones Estado-Diáspora, que lo ocurrido en las ciudades españolas es un recordatorio de que "no es posible resolver el fenómeno migratorio levantando murallas" y que los flujos humanos en el mundo contemporáneo conllevan "la degradación de la condición humana de los migrantes".
Es pertinente lo señalado Derbez, quien reconoció que el impulso de cientos de miles de mexicanos para internarse en territorio estadunidense, arriesgando la vida, es la "incapacidad de la economía mexicana para generar empleos dignos que les permitiran quedarse". En el contexto de un discurso oficial triunfalista y autocomplaciente, las palabras de secretario de Relaciones Exteriores constituyen un apreciable ejercicio de honestidad.
Es cierto que las asimetrías económicas de México y Estados Unidos -país el primero donde no hay oportunidades de trabajo, digan lo que digan las cifras oficiales, y el segundo necesitado siempre de mano de obra barata- constituyen el motor principal de la migración. Pero el tránsito al otro lado del río Bravo no debería implicar peligros de muerte, maltratos y humillaciones para los connacionales. De no ser por la criminalización de la migración que ejerce el gobierno estadunidense, el flujo sería visto como un fenómeno normal y saludable para ambos países, indispensable para mantener la competitividad de la agricultura de la nación vecina e imprescindible para la estabilidad económica mexicana.
Otro tanto ocurre con los desplazamientos masivos hacia Europa occidental procedentes de Asia, Africa y, en menor medida, América Latina. El viejo continente, al mismo tiempo que construye un proyecto humanista de convivencia intereuropea, ha edificado una suerte de fortificación migratoria para impedir el ingreso de extranjeros que buscan trabajo o subsistencia. La economía de la Europa comunitaria, al igual que la de Estados Unidos, requiere de mano de obra barata y dispone de innumerables plazas para las cuales no hay personal entre la población autóctona.